Reproducimos el comunicado emitido hace algunos días por el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (CAJAR) ante las acusaciones por parte del Gobierno Colombiano (y medios afines, muy especialmente El Colombiano y El Tiempo) sobre el trabajo de la organización para con las víctimas de la masacre de Mapiripan (que culminó en condena del Estado Colombiano ante la CIDH) frente a la polémica suscitada desde instancias del Estado colombiano.
La criminalización, difamación y amenazas no detendrán el combate por la "legítima exigencia de verdad, justicia y reparación". Igualmente, en el aniversario (6 Noviembre 1985) de la Toma del Palacio de Justicia, no aceptaremos una narrativa histórica que confunda victimas y victimarios, silenciando las voces y la memoria. Hemos añadido foto, hypervinculos y material de apoyo
English The Massacre at Mapiripán
La criminalización, difamación y amenazas no detendrán el combate por la "legítima exigencia de verdad, justicia y reparación". Igualmente, en el aniversario (6 Noviembre 1985) de la Toma del Palacio de Justicia, no aceptaremos una narrativa histórica que confunda victimas y victimarios, silenciando las voces y la memoria. Hemos añadido foto, hypervinculos y material de apoyo
English The Massacre at Mapiripán
| Presidente Juan Manuel Santos, antiguo ministro de defensa durante los gobiernos de Alvaro Uribe (en cuya administración su primo, Franciso Santos, era vice-presidente) y miembro de la familia Santos, propietaria,hasta 2007, del único periódico colombiano de alcance nacional, El Tiempo.
Comunicado del Colectivo de Abogados
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Habrá muchos más Mapiripanes, ¿quién quiere destruir al CAJAR?
“..todas las noches por unas rendijas yo miraba pasar gente secuestrada con las manos atrás y amordazados en la boca para ser cruelmente asesinadas en el matadero municipal de Mapiripán, escuchábamos todas las noches gritos de personas que estaban siendo torturadas y asesinadas pidiendo auxilio”.
Así describió el juez municipal de Mapiripán, Leonardo Iván Cortés Novoa, el horror de las torturas y el suplicio de quienes fueron descuartizados: lanzando los pedazos de cuerpos al río Guaviare para que éste se los tragara; dejando algunos cadáveres en el municipio y tirando al pie de los que huían, el perro ahorcado de la profesora por el “Mochacabezas”, para dejar muestra de lo que el cabecilla paramilitar Carlos Castaño llamara “el combate más grande que han tenido las autodefensas en su historia”, confesando haber asesinado a 49 personas
